
Llega un día en el que te toca plantar cara a una de esas. Estás acostumbrada a lidiar con ellas, lo haces todos los días, eliges una cosa, rechazas otra. Pero estas, estas son las peores, las más feas, y a la vez, las más prometedoras. Vienen cada muchos meses, a veces cada muchos años. Son esas decisiones que, desde el mismo momento en que llaman a tu puerta te dicen lo que ya sabías, que te van a cambiar la vida. Quizás no radicalmente, pero sí le van a dar un buen giro. Llevaba varios meses planificándome el verano, y hace unos días, sorpresa, me encontré con una de estas. Y como siempre, mandó al traste todo lo que tenía pensado para mí.
No me sorprendió mucho y decidí bastante deprisa. Últimamente parece que mi vida se ha vuelto adicta a ponérmelo difícil, le gusta jugar a eso de ¿qué prefieres, lo seguro pero insuficiente, o ese futuro mejor que te prometo? No sé para que se molesta, sabe lo que voy a elegir, voy a saltar al vacío.
Ésta última era una decisión de tipo laboral. Conseguir un trabajo en un buen periódico destro de un grupo fuerte, con 21 años, sin acabar la carrera y sin ninguna experiencia es casi un milagro que yo tuve la suerte de vivir. Exprimí esa suerte durante más de un año, y llegué todo lo lejos que pude llegar. Hasta que a mi naranja se le acabó el jugo. "Que si te quedas aquí, pues bueno, quien sabe, pues igual, en el periódico no hay posibilidades laborales, pero igual en algún otro medio del grupo, vete a saber, si esperas..." Si esperas, unos meses, un año, tres. Pero no puedo esperar tanto. Me surgió la oportunidad de trabajar en casa, en mi cuna, en Asturias. Eso sí, haciendo prácticas. Y me tocó decidir entre conservar un trabajo que no llevaba a ninguna parte o abrir puertas en otros lugares.
Como siempre, como en tantas otras cosas, tocaba agarrar lo que quieres pero que no llega a donde tus aspiraciones te dicen que tendría que llegar, o dejarlo ir por un futuro que es sólo una promesa. ¿Cuántas veces toca tomar una decisión de estas? ¿Cuántas toca dejarlo todo, por quizás, nada? Yo salto, siempre. Tengo miedo a equivocarme, algunas veces he sospechado, que tal vez, lo había hecho. Pero con el tiempo las cosas se ponen en su sitio y a la larga, la vida premia a los valientes. O al menos, eso me gusta creer.
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simplementeyo / Página web (2.6.08 21:54) Me gusta tu salto al vacio.. hoy me has hecho sonreír 2 veces, una antes hablando contigo que has arrojado algo de luz a mi lio y otra ahora al leer este post.. Tienes razón ya va siendo hora de que yo salte también al vacio... ¿me das la mano y nos tiramos juntas?? besos |