Feeling

FOTO: CRISTINA RODRÍGUEZ - SUSANA LÓPEZ-URRUTIA
Feeling: Sentimiento sin nombre por excelencia. Porque todos sabemos qué es. Pero ninguno sabríamos describirlo. Porque sabemos cuándo está. Pero no sabemos porqué está, ni de dónde viene.
Es "la química", "la chispa", "la conexión", el "nosequé". Es la comunión de las medias naranjas, el hueco en el puzzle para nuestra pieza descolocada. Es las "no-palabras", las "no-explicaciones", las "no razones". Es todo en absoluto, y a la vez, nada en concreto.
Dicen los científicos que el feeling -en el sentido de atracción- empieza por la nariz. Hasta hace poco, yo habría jurado que empezaba por la boca: conversación. No podía imaginar mayor química que la de dos personas movidas por los mismos vientos. Pero, como siempre, los años tiraron por la borda mis elaboradas teorías. Porque llegué a conocer personas con idénticos intereses a los míos que resultaron ser un muermo. Y llegué a personas radicalmente opuestas a mí que resultaron ser increíbles. Y llegué, llegué a ella incluso con personas que nisiquiera hablaban mi mismo idioma. Y por primera vez en mi vida pensé que esa chispa endemoniada que nos empeñamos en perseguir y se empeña en huir , quizás, estaba mucho más allá de las palabras.
¿Podemos tener feeling con quienes no hablan nuestro mismo idioma, con un inglés, un francés, un indio? ¿Vive el feeling por encima de lenguas y culturas? ¿Vive en el Silencio?
Sí. Creo que sí. Esa debe ser la mayor prueba de su existencia, el silencio. Un silencio que no hace falta llenar con palabras para sentirse agusto. Porque
en eso consiste exactamente el feeling. En un "sentirse agusto", un "sentirse bien", un "sentirse libre", un "sentirse tú mismo". Un misterio. Un "ser
feliz".